domingo, 8 de febrero de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Dos chaveas

                                               

Y  va el tío y lo borda; y va el tío y deja enana la torre de la catedral y la bahía sin agua y los pinos de Gibralfaro, asombrados, haciéndose inclinaciones de cabeza y la Cuesta de la Reina sin curvas y las gaviota de Picasso sin mástiles en los barcos,  y…

De todo eso de verdad; de verdad de la buena, palabrita del Niño Jesús, solo es verdad el peazo de discurso que anoche pronunció, en la entrega de los premios Goya, un chavea de Málaga cuando subió al escenario a recoger el busto con la cabeza del ‘divino sordo’.

El chavea sabe de mayordomías de tronos pero de los que van con la cara oculta;  está orgulloso de sus raíces y las saca al oreo el aire cada vez que puede y que, además, está contento, si la aprobación a su trabajo se lo da la gente de su barrio. ¡Qué elegancia y qué señorío!

El chavea dijo que un día subió al Costa del Sol (Bueno, chavea, tenía que ser por la noche porque aquel tren salía de Málaga al filo de la madrugada) y se fue a Madrid y, luego… luego a ganarse el cartel que tiene en el mundo del cine.

Y se ve que el chavea cambia de color, y sus ojos, - ¡porque vaya forma de mirar que tiene! – se iluminan de una manera especial cuando habla de lo suyo y de los suyos. Porque como dice el refrán: de la abundancia del corazón, habla… Ya se sabe.

Y cuando llegó aquí escribiendo – y viendo la televisión -  resulta, que  dicen que a otro chavea de Málaga conceden otro galardón y me hace que cambie – que tenga que cambiar, y lo hago con gusto - el epígrafe del título y… Ya no es un chavea; son dos; y los dos…


¡Pues qué quieren que les cuente!  Ah. No lo he dicho, los dos chaveas tienen sabor a salinas de la mar, y a aires de la Caleta y a frescura de la brisa al revolver de las esquinas  y se llaman: Antonio Banderas y Dani Rovira. Gracias, muchachos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario