domingo, 19 de octubre de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Fandangos

                                             

¿Ves? La sierra se viste ya de otoño. Sé que no te gusta el otoño;  sé que te pone triste, melancólica; que eres de sol y de brisas de mares de que vienen de lejos pero, yo porque soy así, hoy me ha dado por irme a la Sierra.

En Aracena se la andan de feria del jamón y esas cosas del cerdo. Aracena,  además de capitalidad me ofrece un “milagro de agua y tiempo”. Estalactitas y estalagmitas crean caprichos de formas y ensueños. Me quedo con el fandango: “Aracena la serrana/ que es una mata del monte / cuando viene la mañana / blanquea en el horizonte/ como la flor de la jara”.

Y sigo camino, porque la Sierra, de Portugal a la Cuesta de la Media Fanega tiene muchos caminos y te digo que los castaños de Galaroza y de Robledo y de Fuentehridos y de Alájar y de Linares han pedido prestada la ropa: se han vestido de manto de Dios.

En Almonaster me vuelvo al reencuentro. Me viene a mano otro, oro fandango, claro: “Pensé de echarte al olvido / y no te pude olvidar / soy como el pájaro herido  / vuela siempre hacia el lugar / donde tuvo el primer nido”.

Encinasola se asienta junto al Múrtiga. Allí están la Virgen de Flores y los amigos de siempre. Y, como la cosa va de flores y fandangos, me lo apropio, porque viene a pelo y porque me parece precioso: “Yo sembré en una maceta / la semilla del engaño / con lágrimas la regué / y la flor salió florando / tuvo la culpa el querer”.


¿Ves? Me ha dado en irme esta tarde de otoño por la Sierra. Unos buscan grumelos; otros, acopio de viandas… o quien va, errabundo, por si en algún recodo del camino hay un mensaje en el viento.

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