jueves, 28 de noviembre de 2013

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Media Verónica

                                  

Bajábamos, el otro día, frente a la sierra el Oreganal, camino de Parauta. Riscos y piedra caliza,  tanta que las aguas se filtran para aparecer, por Igualeja, en el nacimiento del Genal. Romero, esparto y espliego; cuando llega la tierra de labor, castaños vestidos con la Gracia de Dios. Los pueblos de las Serranía eran pinceladas blancas como salpicadas a boleo.

Me contaba Antonio García Barbeito la anécdota. Le preguntan a Juan Belmonte, Maestro ¿por qué inventó usted la media verónica?  Para ahorrarme - dicen que contestó - la otra  media.

No está España de ahorros. No. Está de recortes, que aunque parezca igual no es lo mismo. Leo en un periódico que Alemania se lleva a un puñado de enfermeras con un contrato de trabajo… Inocentemente me pregunto. ¿si tan mal esta la Universidad española por qué se las llevan?

Formamos a los jóvenes. Magníficos, excelentes profesionales. No desentonan en los países a donde llegan. Son tan buenos como la media verónica del maestro Belmonte (la compañía, de Barbeito, la supera, lo siento) y ellos se ahorran la otra mitad de la formación.

 La Escuela Pública fue hasta hace unos años –ahora no tengo ya datos para reafirmarlo- muy buena. He conocido profesores de Matemáticas, Lengua o Geografía  autoridades auténticas en su materia. Domínguez Ortiz o Gerardo Diego – por no irnos más lejos- enseñaron en Institutos Públicos…


La ha liado el ministro Wert. Reprobado  -¿por error?- hasta por los suyos. Ha batido el récord. Como en el circo: más difícil todavía. Ha conseguido que todo el mundo esté descontento. Al ministro, si yo pudiera le recomendaría tres cosas: una vuelta por la Serranía en otoño, la media verónica de Belmonte  y un día con Barbeito.

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