domingo, 6 de octubre de 2013

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¡A la calle!

                                            

Nos sirven imágenes duras, muy duras. Reporteros, paladines que parecen más al servicio del morbo que de la noticia, meten cabeza entre policías de uniforme. La gente se agolpa en la acera; los vecinos vociferan: manifiestan solidaridad ante el dolor, la rabia, la imponencia de unos seres, a los que en nombre de la Justicia, se les manda a la calle
.
Se han vivido días de noticias espeluznantes. Ancianos, enfermos, desvalidos, niños, gente común… La mayoría de las veces el delito se simplifica en muy poco: firmaron una hipoteca y no pudieron pagarla. Solución: ¡a la calle!

Quedan lejos aquellos - pero con demasiada actualidad -  versos denuncia de José María Gabriel y Galán: “Embargal, embargal los avíos / que aquí no hay dinero”. Escribía el poeta extremeño en ‘castúo’,  la lengua como se hablaban, entre sí, la gente del campo en su alta Extremadura.

Han pasado los años, el agua bajo los puentes, las otoñadas han hecho reverdecer las rastrojeras…Fueron y vinieron los pájaros y el viento; las tardes de nubes y las noches sin estrellas. Hay cosas que no cambian. El dolor de la gente. La angustia de perderlo todo, absolutamente, todo.

Tampoco quedaban burras ramoneando tomillos crecidos a los bordes de los caminos como vio otro poeta extremeño –Luis Chamizo- que denunciaba situaciones –otras, pero no muy distintas -  de dolor y sufrimiento en aquellas tierras ‘sin tierra’ de las Hurdes o de la Sierra de Gata.

La televisión dice que estas cosas ya no pasan en el campo. Ocurren en ciudades con universidades y metro, y autobuses urbanos con aire acondicionado, y medianas con parterres y flores; en pueblos con polideportivos cubiertos, en barrios con parques infantiles.


Se dilapida el sentido social de la vivienda. Los que mandan a su bola; los que se aprovechan del río revuelto… De esos mejor para otro día.“Todo pasa y todo queda” escribió don Antonio Machado. Sólo dos cosas han permanecido en el tiempo: la insensibilidad del dinero ante el sufrimiento y, el destino –hoy, como ayer-: ¡ a la calle!  

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