miércoles, 18 de septiembre de 2013

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Por la mar de los recuerdos

Por la mar de los recuerdos navega el olvido.  Echa la persiana el Orellana. Estaba en Moreno Monroy,  a la izquierda, conforme se va a esa calle por donde no tiene pasaporte el sol. En Málaga tiene nombre propio: calle Fresca. ¡Ay!, Málaga, ciudad de contraste – y de otras cosas – en ella viven, ahora, los curas y, antiguamente, en la de Beatas, las mujeres que hacía favores.

El Orellana se une a la lista. Larga, demasiado larga, -a lo mejor es que uno va para viejo- de los bares anclados en las aguas no siempre tranquilas del recuerdo. Se los ha llevado, sin ningún gorigori, el silencio.

Antes cruzó la barra del puerto, la Buena Sombra. Tenía la  mejor colección de caricaturas de la calle Sánchez Pastor (que era donde estaba). Ilusión de tarde de domingo. La radio anunciaba: Indautxu (se escribía de otra manera) 2; Málaga 0. Un vino dulce y, de tapa, ensaladilla . No daba para más el presupuesto.

El Boquerón de Plata, se alineó en la saga  de los vinieron después. El tiempo –  ese que corre tanto que si le echamos manos, ya se ha ido - se encargó de aparcarlo. Y a los ‘Quitapenas’ y a ‘Las Campanas’ de ‘pedros y pajaretes’…

Por la Mar Chica desfilaba la gente de afición –y podían pagarla- a la gamba. Eran tan buenas como las que se sirven en calle Comisario. Cuestión de gustos y… de monedero. Entonces, a no tener ‘presupuesto’ -como ahora- se le llamaba estar tieso.

El Pombo, en Santa Lucía, era una sucursal de la Alhambra. Un capricho de adolescente que se vino a buscar las brisas de la playa… Sus techos de fantasía se nos hacían hermosos, sugerentes, como con más misterio.


Casa Catalina y  Carlos eran lo mejor de calle Cuarteles. Pulpos, calamares, cazón… A eso le llamaba arte para freír el pescado. La gente iba al tren. De la mar, cercana  cuando pasaba el rebalaje de San Andrés venía otra Málaga que faenaba para evitar el naufragio… 

2 comentarios:

  1. Y las playas de los pescadores. ¿Quién menciona en estos tiempos las playas de Huelin, ese barrio que tantas historias encierra?. Mis recuerdos de niña, cuando vi el mar por primera vez. Los pescadores sacando el copo de madrugada para que los chanquetes y toda clase de "pescaíto" llegara fresco a esos sitios que mencionas en tu escrito. Calles de solera. Razón tienes cuando recuerdas al barrio de San Andrés luchando para salvar otros naufragios.
    Ayer como hoy situaciones de lucha y disfrutes.
    Y todo en ese mar de los recuerdos. Estupendo los que describes. Te felicito Amigo José.

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  2. Un principio muy sugestivo, quizás los recuerdos bajo el oleaje hagan que se mareen y desaparezca momentáneamente, los recuerdos vuelven como fantasma, unas veces para asustarnos y otras para hacernos reír. Personalmente siempre espero la segunda opción.

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